¿Te gusta que te mientan a la cara mientras te meten la mano en la cartera, o prefieres que al menos te inviten a una caña primero?
Nos están vendiendo el «Régimen de Franquicia del IVA» como el maná del cielo. Como si Hacienda, de repente, se hubiera vuelto una ONG y quisiera que descanses.
La realidad es mucho más sucia.
España, por fin, va a transponer la Directiva Europea 2020/285. Éramos los últimos de la clase. Los más lentos. Los que preferían exprimir cada gota de burocracia antes de soltar la teta.
El plan es sencillo: si facturas menos de 85.000 € al año (o 100.000 € si haces negocios fuera), puedes elegir no poner IVA en tus facturas.
Suena bien, ¿verdad? «Adiós al modelo 303 trimestral», «adiós al 390 anual», «menos papeleo».
Pero cuidado, porque aquí es donde te la clavan sin vaselina.
Si dejas de repercutir IVA, también dejas de deducirlo. Así de claro.
Ese ordenador nuevo, la gasolina, el alquiler del local o las herramientas… todo lo que antes «te desgravabas», ahora te lo comes con patatas. El IVA que pagas se convierte en un coste directo. Un gasto puro y duro.
Si tus gastos son altos, este régimen es un suicidio financiero.
A los políticos les encanta decir que esto es para «fomentar el emprendimiento». Mentira. Es para que los que facturan poco dejen de molestar a la administración con declaraciones pequeñas mientras ellos se ahorran costes de gestión.
¿Te compensa? Depende.
Si vendes servicios a particulares (que no se deducen el IVA) y apenas tienes gastos, puede que seas un poco más competitivo bajando precios. O que ganes ese 21% de margen extra si mantienes el precio final.
Pero si tus clientes son empresas, les da exactamente igual. Ellos quieren su factura con IVA para deducírselo. Si no se lo das, eres un bicho raro en su contabilidad.
Y ojo con pasarte del límite. Si superas esos 85.000 € por un mísero euro, vuelves al régimen general de cabeza. Estás bajo el microscopio, como siempre.
No es libertad. Es otra forma de tenerte controlado y, de paso, quitarte el derecho a recuperar el dinero que ya has pagado en tus compras.
En este país, cuando el Gobierno te ofrece quitarte un peso de encima, asegúrate de que no te esté poniendo una zancadilla mientras miras hacia otro lado.
Conclusión: El IVA franquiciado es una herramienta útil para el que vende humo y no gasta un euro en infraestructura, pero una trampa mortal para el autónomo que levanta la persiana y tiene facturas que pagar cada mes.
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