¿Te gusta que te limpien los bolsillos mientras te sonríen?

¿Te gusta que te den palmaditas en la espalda mientras te meten la mano en la cartera?

Porque eso es exactamente lo que acaba de pasar en Gipuzkoa.

Verás.

Los representantes de los autónomos de Gipuzkoa se han sentado por fin cara a cara con la Hacienda foral.

Fueron allí con una lista de peticiones desesperadas, exigiendo mejoras fiscales, aire para respirar y un poco de piedad para el ciudadano de a pie que levanta la persiana cada mañana.

¿Y sabes qué han conseguido?

Buenas palabras. Promesas de «estudiar el caso». Humo de primera calidad.

Mientras los políticos se llenan la boca hablando de «apoyo al tejido empresarial» desde sus despachos con aire acondicionado, tú sigues asfixiado por una presión fiscal salvaje que no entiende de meses malos, ni de facturas impagadas, ni de insomnio.

Te exigen que seas un socio perfecto para pagar, pero cuando necesitas que la administración se baje del pedestal y te eche un cable, te tratan como a un número sospechoso de defraudar.

La realidad económica es aplastante: te suben los costes, te imponen normativas asfixiantes como el control absoluto de tus ingresos y, a cambio, te dan reuniones burocráticas que no sirven ni para pagar el café que se tomaron mientras hablaban de tu futuro.

La gestión política actual no busca ayudarte a prosperar, busca mantener un sistema elefantiásico a costa de tu lomo gastado.

Si esperas que Hacienda te salve la vida con una reforma milagrosa, vas listo; el Gobierno solo se mueve cuando el agua les llega a ellos al cuello, no a ti.

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