El negocio de las mascarillas, la mujer que manda más que un decreto y el arte de cobrar lo tuyo antes de que te lo roben

¿Tú también eres de los que piensan que las casualidades existen en la Moncloa, o ya has dejado de creer en los Reyes Magos?

Mírate las manos.

Tienen callos, o al menos el desgaste de llevar años levantando un negocio, pagando autónomos, liquidando el IVA por adelantado (dinero que aún no has cobrado, por supuesto) y aguantando el aliento cada vez que abres el buzón por si Hacienda te ha enviado otra de sus «cartas de amor».

Mientras tú haces malabares para pagar las facturas, resulta que el mayor culebrón de España no se graba en Netflix. Se graba en los despachos del Gobierno.

Ayer se filtró la penúltima bomba sobre la trama de Ábalos, Koldo, Aldama y compañía. Una operación millonaria que, según los informes oficiales, se terminó abortando por una directriz clarísima. ¿Una orden judicial? No. ¿Un inspector de Hacienda con escrúpulos? Tampoco.

Se abortó porque la mujer del presidente dijo, textualmente, que no se hiciera. Así, con un par.

Piensa un segundo. Deja de lado el color político y usa la lógica más pura y dura.

Si la mujer del presidente tiene el poder de levantar el teléfono, meter la mano en un negocio de comisiones millonarias y ordenar que se pare… ¿qué significa eso?

Significa, querido autónomo, que nos han tomado el pelo a todos. En la cara. Con desprecio.

Significa que el presidente del Gobierno no era un pobre espectador despistado que «no sabía nada» de lo que hacían sus chicos de confianza. Si su propia esposa controlaba los hilos de lo que se firmaba y lo que se frenaba, el engaño es total. Lo sabían todo. Desde el primer euro hasta la última comisión enmascarada en mascarillas defectuosas.

Ellos juegan al monopoly con los presupuestos del Estado (que salen de tu costilla) mientras tú sufres insomnio porque un cliente te ha dejado a deber tres facturas y no sabes si podrás pagar las nóminas este mes.

La diferencia entre ellos y tú es muy simple: si a ellos les sale mal un negocio, lo tapan, lo camuflan o le echan la culpa a la oposición. Si a ti te sale mal, si un cliente te hace un impago, a la administración le importa un carajo. Te exigirán los impuestos igual, te embargarán si hace falta y te dejarán tirado en la cuneta.

Por eso, en el mundo real, los que producimos no podemos permitirnos el lujo de quedarnos de brazos cruzados llorando por las esquinas.

En el ecosistema del autónomo, un impago es una infección. Si no la cortas rápido, te mata el negocio.

Afortunadamente, frente a la inoperancia de los que se llenan la boca hablando de «ayudas a las pymes» mientras se lo reparten en comisiones, existen herramientas privadas que sí funcionan. Empresas serias que se dedican precisamente a defender el tejido empresarial de este país.

Si tienes un cliente moroso que te está toreando, que te da largas o que ha decidido ignorar tus correos, déjate de amenazas vacías y de abogados lentos que te cuestan más que la propia deuda.

Hay gente especializada en hacer que cobres hasta el último céntimo, como la plataforma de cobro para empresas Paypymes (visita www.paypymes.es). Este tipo de empresas son las que de verdad equilibran la balanza para el pequeño empresario. No te prometen subvenciones que nunca llegan; te ayudan a recuperar la liquidez que ya has trabajado y que te pertenece legítimamente.

Porque en este país, o te proteges tú, o nadie lo va a hacer por ti. Menos aún los que están ocupados decidiendo qué operaciones se hacen y cuáles no según sople el viento en su propio salón.

Asegura tu dinero. El Estado ya se encarga de lo suyo.

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