24 años para el jefe, 19 para el criado y las monedas bajo el colchón: el último insulto a tu cuenta corriente

¿Cuántos meses de tu vida tienes que trabajar de rodillas solo para pagar el IVA de un dinero que nunca vas a oler?

Hoy ha salido el Gordo. El Tribunal Supremo ha dictado sentencia firme.

José Luis Ábalos, ese señor que decidía el destino de tus carreteras, condenado a 24 años y tres meses de cárcel.

Su fiel escudero, Koldo García, se lleva 19 años y ocho meses por ser la correa de transmisión del atraco.

¿Y el cerebro de la operación, Víctor de Aldama? Cuatro años y medio. Pero no pisará la cárcel por «cantar» en el juicio.

Se va a su casa con un año de trabajos comunitarios. Un trato magnífico para él, un insulto sangriento para ti.

La sentencia prueba que montaron una organización criminal en lo más alto del Gobierno para lucrarse mientras tú estabas encerrado.

Se repartieron comisiones millonarias por 13 millones de mascarillas vendidas a Puertos del Estado y Adif.

Aldama canalizó la friolera de 6,6 millones de euros limpios a través de dos sociedades pantalla.

Ábalos y Koldo exigieron su parte del pastel: 2,5 millones de euros cada uno metidos en sus previsiones de gastos habituales.

Había sobres mensuales de 10.000 euros en metálico para los «gastos fijos» del ministro.

También alquileres pagados por la trama en Marbella y un chalé de lujo en La Alcaidesa para el disfrute del jefe.

Incluso colocaban a sus novias y amigas en empresas públicas que tú sigues pagando con tus impuestos mensuales.

Ahora viene la gran pregunta que te está quemando la sangre: ¿Qué pasa con el dinero? ¿Dónde están esos millones?

La respuesta corta y brutal: en el mismo sitio de siempre, en ningún lado que a ti te beneficie.

El dinero público, cuando entra en el circuito de la corrupción y las sociedades pantalla, se evapora como el agua en el desierto.

Una parte se gasta en chalés, otra en lujos caros y el resto duerme en cuentas extranjeras de difícil acceso.

Aunque les embarguen los bienes visibles, el daño económico real ya lo ha absorbido tu costilla de autónomo.

A ti Hacienda te persigue por un error de tres euros en el trimestre y te congela la cuenta sin pestañear.

A ellos les imponen multas teóricas que jamás compensarán el destrozo institucional ni la asfixia fiscal que padeces.

El comisionista se libra del calabozo entregando papeles, mientras tú sigues entregando tu salud para llegar a fin de mes.

Es la cruda realidad del sistema: unos organizan el banquete criminal y el autónomo de a pie siempre paga la cuenta.

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