¿Sabías que eres el socio capitalista que peor cobra de la mayor empresa inmobiliaria del país?
Esa empresa se llama Estado. Y tiene un negocio redondo contigo.
Verás, cada vez que compras, alquilas, heredas o enciendes la luz de tu casa, hay un político frotándose las manos.
La realidad es sangrienta. El Estado recauda la escalofriante cifra de 52.200 millones de euros al año gracias a la vivienda. Eso es un 3,5% de todo el PIB nacional. Impuesto de Transmisiones, IVA, el hachazo del IBI, Actos Jurídicos… Te crujen por respirar bajo un techo. Somos el segundo país de la OCDE con mayor tributación efectiva sobre la vivienda. Brutal.
Ahora viene el chiste de mal gusto. ¿Cuánto devuelven de ese botín para que la gente tenga un techo decente?
Una miseria. El gasto público real en vivienda está estancado en un ridículo 0,5% del PIB. Apenas unos 1.600 millones en licitaciones públicas. Tienes toda la razón: ni de lejos llega al 1%. Te quitan 52, te devuelven uno y medio, y encima te dicen por la tele que la culpa de que no puedas pagar el alquiler es del mercado.
¿En qué se va tu dinero realmente? No se va en ladrillos para los jóvenes ni en rebajar el suelo edificable. Se va en mantener la descomunal e ineficiente maquinaria burocrática, en financiar observatorios inútiles, en asesores que jamás han cotizado como autónomos y en regar con dinero público redes clientelares para asegurar los votos de las próximas elecciones.
El negocio es perfecto para ellos: tú pagas la fiesta inmobiliaria, ellos se quedan la recaudación y a ti te queda la hipoteca, la frustración y la cuenta corriente temblando.
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